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Le Guignon (fragmento)

(…)

Maint joyau dort enseveli
Dans les ténèbres et l’oubli,
Bien loin des pioches et des sondes;

Mainte fleur épanche à regret
Son parfum doux comme un secret
Dans les solitudes profondes.

Charles Baudelaire

(ver poema completo + traducción)

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A mis hermanos muertos

¡Cadáveres amados los que un día
Ensueños fuisteis de la patria mía,
Arrojad, arrojad sobre mi frente
Polvo de vuestros huesos carcomidos!
¡Tocad mi corazón con vuestras manos!
¡Gemid a mis oídos!
¡Cada uno ha de ser de mis gemidos
Lágrimas de uno más de los tiranos!
¡Andad a mi redor; vagad en tanto
Que mi ser vuestro espíritu recibe,
Y dadme de las tumbas el espanto,
Que es poco ya para llorar el llanto
Cuando en infame esclavitud se vive!

¡Déspota, mira aquí cómo tu ciego
Anhelo ansioso contra ti conspira:
Mira tu afán y tu impotencia, y luego
Ese cadáver que venciste mira,
Que murió con un himno en la garganta,
Que entre tus brazos mutilado expira
Y en brazos de la gloria se levanta!
No vacile tu mano vengadora;
No te pare el que gime ni el que llora:
¡Mata, déspota, mata!
¡Para el que muere a tu furor impío,
El cielo se abre, el mundo se dilata!

José Martí

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Lluvia
La lluvia tiene un vago secreto de ternura,algo de soñolencia resignada y amable,una música humilde se despierta con ellaque hace vibrar el alma dormida del paisaje. Es un besar azul que recibe la Tierra,el mito primitivo que vuelve a realizarse.El contacto ya frío de cielo y tierra viejoscon una mansedumbre de atardecer constante. Es la aurora del fruto. La que nos trae las floresy nos unge de espíritu santo de los mares.La que derrama vida sobre las sementerasy en el alma tristeza de lo que no se sabe. La nostalgia terrible de una vida perdida,el fatal sentimiento de haber nacido tarde,o la ilusión inquieta de un mañana imposiblecon la inquietud cercana del color de la carne. El amor se despierta en el gris de su ritmo,nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,pero nuestro optimismo se convierte en tristezaal contemplar las gotas muertas en los cristales. Y son las gotas: ojos de infinito que miranal infinito blanco que les sirvió de madre. Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbioy le dejan divinas heridas de diamante.Son poetas del agua que han visto y que meditanlo que la muchedumbre de los ríos no sabe. ¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,la que llorosa y triste sobre las cosas caes! ¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotasalmas de fuentes claras y humildes manantiales!Cuando sobre los campos desciendes lentamentelas rosas de mi pecho con tus sonidos abres. El canto primitivo que dices al silencioy la historia sonora que cuentas al ramajelos comenta llorando mi corazón desiertoen un negro y profundo pentagrama sin clave. Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,tristeza resignada de cosa irrealizable,tengo en el horizonte un lucero encendidoy el corazón me impide que corra a contemplarte. ¡Oh lluvia silenciosa que los árboles amany eres sobre el piano dulzura emocionante;das al alma las mismas nieblas y resonanciasque pones en el alma dormida del paisaje!
Federico García Lorca [1919]

Lluvia

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!

Federico García Lorca [1919]

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Desorientado

Qué fácil engañar a la mente,
qué simple se deja llevar.
Qué astuta la mentira,
que fácil penetra la duda.

Un flujo de ideas inconcretas,
que burlonas confunden,
que nuestra lucidez aplacan,
que discretamente distraen.

Un mar de incertidumbre.
Un suelo incierto, terreno frágil,
que constante tambalea,
y nos aleja de nuestro curso.

Sofi Mohr

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