Diálogo entre Fidel Castro e Ignacio Ramonet sobre la prensa en Cuba
Ignacio Ramonet: Usted me mostró la impresionante documentación que lee y consulta cada mañana para seguir de cerca los acontecimientos del mundo; decenas de cables y de artículos traducidos de la prensa internacional. Y a este respecto quisiera que hablásemos de la información en Cuba. La impresión que se tiene es que, aunque hay excelentes periodistas, hay muy poca información crítica sobre lo que pasa en Cuba. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Fidel Castro: Mire, sinceramente, nuestros órganos de prensa no están en manos de los enemigos de la Revolución, ni en manos de agentes de los Estados Unidos. Están en manos de revolucionarios. Nuestra prensa es revolucionaria, nuestros periodistas, en la radio, en la televisión, son revolucionarios. Nosotros tenemos muchos periódicos, cada organización tiene su órgano de prensa: los trabajadores, la Juventud, el Partido, los campesinos, las Fuerzas Armadas. Hay decenas de periódicos, y todos son revolucionarios.
Ignacio Ramonet: La impresión que se tiene al leerlos, o al escuchar la radio o ver el noticiero de televisión, es que todo va bien, que sólo se consiguen éxitos, victorias, que no hay problemas, que nadie está descontento. Es un poco extraño porque imagino que en el propio seno del Partido debe haber debates, y discrepancias y discusiones con mayor fuerza crítica.
Fidel Castro: Mire, aquí ha habido durante bastante tiempo la tendencia a suponer que los señalamientos críticos, la denuncia de las cosas mal hechas, hacían el juego al enemigo, ayudaban al enemigo y a la contrarrevolución. A veces hay el temor de informar sobre algo, porque se piensa que puede ser útil al enemigo. Y nosotros hemos descubierto que en la lucha contra los hechos negativos es muy importante el trabajo de los órganos de prensa. Y hemos estimulado el espíritu crítico. Llegamos a la convicción de que es necesario desarrollar mucho más el espíritu crítico. Yo lo he estimulado al máximo porque constituye un factor fundamental para perfeccionar nuestro sistema.
Sabemos que hay inconvenientes, pero queremos una crítica responsable. A pesar de las posibles consecuencias, todo es mejor que la ausencia de críticas.
Claro está que hay que ser sumamente responsable en el manejo de los temas y no ofrecer al enemigo información sensible que pueda ser útil a sus planes de destruir la Revolución. De ahí lo difícil de la tarea de un revolucionario.
Ignacio Ramonet: ¿Ese deseo de crítica responsable podría ir hasta la autorización de la libertad de prensa que muchos reclaman?
Fidel Castro: Si usted llama libertad de prensa al derecho de la contrarrevolución y de los enemigos de Cuba a hablar y a escribir libremente contra el socialismo y contra la Revolución, calumniar, mentir y crear reflejos condicionados, yo le diría que no estamos a favor de esa “libertad”. Mientras Cuba sea un país bloqueado por el imperio, víctima de leyes inicuas como la Helms-Burton o la Ley de Ajuste Cubano, un país amenazado por el propio Presidente de Estados Unidos, nosotros no podemos dar esa “libertad” a los aliados de nuestros enemigos cuyo objetivo es luchar contra la razón de ser del socialismo.
Ignacio Ramonet: ¿Unos medios libres serían considerados incompatibles con la Revolución?
Fidel Castro: En esos medios “libres”, ¿quién habla? ¿De qué se habla? ¿Quién escribe? Se habla lo que quieren los dueños de los periódicos o de las emisoras de televisión. Y escribe quien ellos deciden. Usted lo sabe bien. Se habla de “libertad de expresión”, pero en realidad lo que se defiende fundamentalmente es el derecho de propiedad privada de los medios de divulgación masiva.
Aquí, en Cuba, se lo digo con franqueza, no existe la propiedad privada de esos medios. Pero las distintas organizaciones de masas disponen de sus propios medios: los estudiantes tienen el suyo, los obreros, los sindicatos, los campesinos, hasta los militares. Todo el mundo tiene su órgano de información, y créame que publican con mucha libertad lo que creen conveniente publicar.
En vez de cuestionar nuestros modos, que son el resultado, la consecuencia de más de cuarenta años de resistencia contra nuestro poderoso vecino, valdría la pena preguntarles a nuestros ciudadanos si se sienten o no se sienten libres.
Ignacio Ramonet: Hay periódicos extranjeros que también están censurados y no se difunden en Cuba.
Fidel Castro: Mire, aquí se difunden muchos periódicos extranjeros, norteamericanos y europeos. Periódicos importantes, serios. En eso nosotros somos más tolerantes de lo que se dice. Se encuentran en muchos puntos de venta y se pueden comprar con divisas. Los turistas los compran y todo cubano que dispone de divisas los puede comprar y difundir. Eso no es un delito. Nadie le tiene miedo aquí a lo que puedan decir contra la Revolución esos periódicos, o los canales de información, como CNN, que mucha gente capta sin problemas.
Pero no podemos gastar nuestros recursos –porque tenemos otras prioridades que son la energía, la alimentación, la salud– en importar esa prensa extranjera. Ese tipo de importación no es en absoluto una prioridad para nosotros. Y puede ocurrir que se limite la circulación de tal o cual publicación porque sistemáticamente está haciendo campañas contra nosotros, campañas contrarrevolucionarias. Está difundiendo calumnias, mentiras y falsedades, está tratando de dividir, de crear enfrentamientos. Eso no lo toleramos. ¿Por qué vamos a aceptar que circule aquí un periódico contrarrevolucionario?
Porque ellos, que tanto hablan de libertad de prensa, cuando no conviene que se sepan algunas de las cosas que denuncia Cuba, tampoco las publican. Usted sabe que cada órgano se debe a una línea, y las líneas las trazan los que controlan, los que son propietarios de esos medios, unos con más libertad, otros con menos; aunque hay también, no se puede negar, mucha gente independiente.
Ignacio Ramonet: ¿Usted está satisfecho con el nivel crítico de la información aquí?
Fidel Castro: Bueno, no sé si usted ha podido seguir en detalle nuestros órganos de información, pero yo le digo que mi más importante fuente de información sobre lo que pasa en el país, mejor que los informes que me envían el Partido o los órganos del Estado, la que a veces más ayuda, es la de los periódicos. Me mantienen al día de cualquier cosa que ocurra. Los leo todos los días, al final del día.
Usted me habla de espíritu crítico, pero yo me pregunto: ¿dónde está el espíritu crítico en la prensa de tantos países que pretenden ser más democráticos que nosotros? ¿Dónde está el espíritu crítico de esos periodistas y de esos canales de televisión, en Estados Unidos, que han apoyado, como verdaderos voceros de propaganda, la guerra del presidente Bush contra Iraq?
La verdad, la ética, que deberían ser el primer derecho o atributo del ser humano, ocupan cada vez menos espacio en esos medios. Los cables de prensa, la radio, la televisión, los teléfonos celulares y las páginas de Internet descargan un torrente de noticias de todas partes a cada minuto. No es nada fácil para un ciudadano seguir el curso de los acontecimientos. Apenas si la inteligencia humana puede orientarse en ese vendaval de noticias.
A aquellos órganos de información que se pretenden libres y críticos pero que dependen de la publicidad y que nunca critican a sus anunciantes, les digo: ¿Por qué el sistema político y social que defienden gasta tan fabulosa suma de dinero en publicidad? ¿Cuánto se podría hacer con el millón de millones de dólares que se despilfarran en publicidad? Aquí usted tiene un país en cuyo PIB (Producto Interno Bruto) no aparece el aporte de un centavo por publicidad, ni en los periódicos, ni en la televisión, ni en la radio. En Cuba no se gasta un centavo en publicidad comercial.
¿Qué papel han desempeñado esos medios de difusión masiva, desgraciadamente, en Estados Unidos y en otros muchos lugares del mundo? Y no los estoy atacando. Los que conocen, como usted, el efecto que tienen en las mentes los medios de alcance masivo, pueden comprender que aquí son usados para educar, para crear valores. Yo tengo la convicción plena, por la experiencia vivida, de que los valores pueden ser sembrados en el alma de los hombres, en la inteligencia y en el corazón de los seres humanos.
Nosotros no andamos con hipocresías de ninguna índole al hablar de la “libertad” de la prensa europea. Nosotros soñamos con otra libertad de prensa, en un país educado e informado, en un país que posea una cultura general integral y pueda comunicarse con el mundo. Porque quienes temen el pensamiento libre no educan a los pueblos, no les aportan, no tratan de que adquieran el máximo de cultura, de conocimientos históricos y políticos profundos, y aprecien las cosas por su valor en sí, y porque saquen conclusiones de sus propias cabezas. Para sacar las cosas de sus propias cabezas, deben poseer los elementos de juicio necesarios.
Cuando surgieron, los medios masivos se apoderaron de las mentes y gobernaban no sólo sobre la base de mentiras, sino de reflejos condicionados. No es lo mismo una mentira que un reflejo condicionado. La mentira afecta el conocimiento; el reflejo condicionado afecta la capacidad de pensar. Y no es lo mismo estar desinformado que haber perdido la capacidad de pensar, porque en tu mente predominen los reflejos: “el socialismo es malo, el socialismo es malo, te quita la patria potestad, te quita la casa, te quita la mujer.” Y todos los ignorantes, todos los analfabetos, todos los pobres, todos los explotados repitiendo: “El socialismo es malo, el socialismo es malo.” Así se enseña a hablar a los loros, a bailar a los osos e inclinarse respetuosos a los leones.
No enseñan a leer y a escribir a las masas, gastan un millón de millones en publicidad cada año para tomarle el pelo a la inmensa mayoría de la humanidad, convirtiendo a los seres humanos en personas que, al parecer, no tuvieran siquiera capacidad de pensar, porque las hacen consumir productos, que son el mismo con diez marcas diferentes, y tienen que engañarlas, porque ese millón de millones no lo pagan las empresas, lo pagan aquellos que adquieren los productos en virtud del impacto enajenante de la publicidad. Aquél compró Palmolive, el otro Colgate, el otro jabón Candado, sencillamente porque se lo dijeron cien veces, se lo asociaron a una imagen bonita y le fueron sembrando, tallando el cerebro. Ellos, que tanto hablan de “lavado de cerebro”, lo tallan, y lo lavan de una forma tal que privan al ser humano de su mayor tesoro: la capacidad de pensar.
¿Van a hablar de “libertad de expresión” en países que tienen un 20 o un 30 por ciento de analfabetos totales, y un 50 por ciento de analfabetos funcionales? ¿Con qué criterio, con qué elementos incluso, opinan, y dónde opinan? Si cuando mucha gente culta e inteligente quiere publicar un artículo, no hay manera de que salga a la luz, lo ignoran, lo aplastan, lo desacreditan. Se han convertido esos grandes medios en instrumentos de manipulación.
Nosotros los poseemos, y usamos tales medios para educar, para desarrollar los conocimientos de los ciudadanos. Esos instrumentos desempeñan un papel en la Revolución, han creado conciencia, conceptos, valores, y eso que no los hemos empleado de forma óptima. Sabemos, sin embargo, lo que pueden, y conocemos lo que puede lograr la sociedad en conocimientos, cultura, calidad de vida y paz con el empleo social de esos medios.
No vamos a creer la fábula de que esos medios en Occidente están destinados a crear valores de solidaridad, sentimientos de hermandad, fraternidad, espíritu de justicia. Exponen los valores de un sistema que por naturaleza es egoísta e individualista. Mientras más preparación tiene alguna persona mejor comprende que los problemas de este mundo, cada vez más complicados, no se resolverán mediante formas de sociedad enajenantes e irracionales.
Ignacio Ramonet: Aunque usted es hostil al culto de la personalidad, y lo ha denunciado a menudo, los medios en Cuba evocan con frecuencia su persona, ocupa usted un lugar importante en el contenido de los medios. ¿Eso le molesta?
Fidel Castro: Mire, le voy a decir lo siguiente: contrariamente a lo que algunos piensan, yo no aparezco mucho en público. No tengo costumbre de salir en el noticiero de televisión cada día, y pueden pasar hasta quince días sin que aparezca en los medios de prensa una noticia relacionada conmigo. Salgo cuando se trata de algún acto conmemorativo en el que tengo que participar. O cuando llega a Cuba algún visitante, un Jefe de Estado. O cuando ocurre algún acontecimiento extraordinario, como un ciclón devastador, por ejemplo.
Le aseguro que no me agrada mucho estar saliendo en la prensa escrita, en la televisión o en la radio. Aquí no se le rinde culto a la noticia sobre el Jefe de Estado. Se escribe de manera bastante natural. Yo diría que los medios hablan de mí con respeto, pero con familiaridad. Nadie me ve como una figura encaramada en el Olimpo. Mucha gente me trata como un vecino, conversan conmigo.
Por naturaleza, soy hostil a todo lo que pueda parecer un culto a la persona, y usted puede constatar, ya se lo he dicho, que en Cuba no hay una sola escuela, fábrica, hospital o edificio que lleve mi nombre. Ni hay estatuas, ni prácticamente retratos míos. Aquí no se producen retratos oficiales. Es posible que, en alguna oficina, alguien haya puesto una foto mía, pero es una iniciativa personal y en ningún caso se trata de un retrato oficial. Aquí ningún organismo del Estado gasta dinero y pierde tiempo realizando y repartiendo fotos oficiales mías o de cualquier otro dirigente. Eso, en nuestro país, no existe.
Es conocido que hago lo posible por no aparecer en los medios de prensa o en los noticieros. Sólo me resigno a ello cuando es estrictamente indispensable. Usted observará que uno de los jefes de Estado del mundo que menos sale en los medios de su país, soy yo. Tampoco me gusta que mi nombre vaya acompañado de títulos y cargos. A mí, afortunadamente, la gente me llama Fidel.
Los que me conocen y conocen mis discursos y mis ideas, saben que soy crítico y autocrítico, y que he combatido con intransigencia toda manifestación del culto a la personalidad o del endiosamiento.
Ignacio Ramonet: Los medios de comunicación masiva, en manos del Estado, han servido muchas veces para difundir propaganda.
Fidel Castro: Aparte de informar al pueblo de los acontecimientos en el país y en el mundo, nosotros queremos usar esos medios para elevar los conocimientos y el nivel cultural general del pueblo, luchar contra la mentira y rendir culto a la verdad. Creamos para eso nuevos canales educativos. A través de ellos, el programa “Universidad para Todos” imparte cursos de idiomas y otros muchos de variadas materias aparte de los programas escolares. En 2003 inauguramos el tercer canal televisivo, que es para la educación, y en 2004 hemos lanzado el cuarto canal, también educativo. La televisión es una magnífica y no bien utilizada forma de transmitir masivamente conocimientos.
Usando los medios audiovisuales, y empleándolos exhaustivamente, entramos en la etapa de la masificación de la información y los conocimientos, no para sembrar veneno o difundir propaganda, no para que otros piensen por uno; porque si se usan de forma atrozmente incorrecta, como ocurre en la sociedad capitalista, le suprimen al ciudadano la opción de pensar, porque piensan por él y le dicen qué color es el traje que tiene que usar, la falda larga o corta que debe usar, la tela de moda, absolutamente todo lo que tiene que hacer desde que se levanta hasta que se acuesta, incluida la marca de pasta para cepillarse los dientes y la pastilla a ingerir para dormir tranquilo. La publicidad sí es propaganda, y muchas veces enajenante y nociva. Nadie quiere que sus hijos se entretengan o se recreen aprendiendo a consumir bebidas alcohólicas y comida chatarra, o viendo violencia y cosas absurdas, que envenenan la mente de los niños.
(Extraído del sitio de la Unión de Periodistas de Cuba)
Yo vi la película Habanastation en el Multicine Infanta de La Habana. Dicho sea de paso, este cine sufrió un incendio intencional el 29 de marzo de 1975 que lo destruyó completamente (en uno de los tantísimos atentados terroristas que sufrió Cuba). Con el tiempo, el cine se reconstruyó y amplió. A ese cine fui, y estando en la sala, sentado en la butaca, pensaba en el terror que debe haber implicado ese atentado: el público disfrutando de una película tranquilamente, y de repente, el humo, los gritos, las corridas..
Esta mañana leí otro artículo tendencioso que utiliza a esta película para criticar a Cuba, un ejercicio habitual en la mayoría de los grandes medios de comunicación occidentales. Cuba fue, es y seguirá siendo castigada por no someterse al dominio del capital internacional. Como bien dijo Eduardo Galeano: “Contra Cuba se aplica una lupa inmensa que magnifica todo lo que allí ocurre cada vez que conviene a los intereses enemigos”.
En fin, este artículo que leí fue suscitando una serie de reflexiones que iban saliendo como burbujas, y a medida que salían las escribía en mi Twitter. Comparto aquí esos tuits, reordenados.
« Tal vez, Cuba sea el único país del mundo en que no hay segregación racial ni económica. Todos viven con todos. No hay barrios de blancos y de negros/asiáticos/latinos como en EEUU o los países multiétnicos en general. No hay villas miseria o favelas y, a la par, barrios cerrados o countries, como en los países capitalistas.
Allá, todos viven con todos. El “pobre” vive con el “rico”, en el mismo barrio. Sus hijos van a la misma escuela, que tiene calidad excelente.
“Pobre” entre comillas porque tiene garantizada una salud y una educación de primerísima calidad, y totalmente gratuita.
“Pobre” entre comillas porque tiene una vivienda donde vivir, por más que le falte mantenimiento.
“Pobre” entre comillas porque tiene fuertemente subsidiada la alimentación de medio mes, el transporte y los servicios de la casa.
“Pobre” entre comillas porque tiene acceso a medicamentos a precio simbólico. Un medicamento que para un extranjero cuesta 250 dólares, a un cubano le sale 0,04 dólares (1 peso cubano).
La película Habanastation agarra los casos más extremos que pueden darse. Un hijo de un artista cubano internacional (que gana miles de dólares) y uno de La Timba. [En La Timba suelen vivir los que van desde las provincias a la capital a buscar trabajo. Tal vez están las peores casas, pero nunca falta la heladera y el televisor.]
¿Qué pasaría si se aplicara la misma idea de la película Habanastation a cualquier otra capital de Latinoamérica o del mundo?
Sería mucho más cruenta, mucho más triste. Se vería una diferencia social muchísimo mayor y una SEGREGACIÓN ECONÓMICA.
Acá es impensable que vayan a la misma escuela el hijo de Pérez Companc y un chico de una villa miseria. El chico de la villa acá pasa hambre, en Cuba no sucede. Tampoco es muy difundida la droga en Cuba, sólo para turistas y los más ricos.
No justifico las diferencias sociales en Cuba. Me apenan, me da tristeza. El sistema de la doble moneda es un desastre, genera desigüaldad. Hace que un artista, un comerciante, un conductor pueda ganar decenas o incluso cientos de veces más que un trabajador común.
Los que pueden alquilar una habitación de su casa, por ejemplo, en 3 días pagan los impuestos, el resto es sólo ganancia. Cada uno de esos 27 días extra que alquile representa lo mismo que un buen sueldo. ¡Cada día, lo mismo que un sueldo mensual! Si tiene dos habitaciones para alquilar, cada día representa lo mismo que un sueldo máximo, el de un médico por ejemplo. Es absurdo.
Por todo eso, mucha gente en Cuba busca vender cualquier cosa al turista, o le pide plata mintiendo. Porque lo poco que le da el turista, por el sistema de la doble moneda, a él le alcanza para comprar un montón. Los turistas le dan CUC, él los cambia a pesos cubanos. Así, el sistema de doble moneda también arruina la imagen internacional de Cuba. No sólo genera desigüaldad, sino que le causa al turista una mala impresión de la realidad social, cuando son mentiras para sacarle plata.
Todo esto se lograría solucionar si se modificara el sistema de la doble moneda. »
Hasta nuestros días se ha confiado en los periódicos como portavoces de la opinión pública. Pero muy recientemente algunos nos hemos convencido […] de que no son en absoluto tales. Son, por su misma naturaleza, los juguetes de unos pocos hombres ricos. El capitalista y el editor son los nuevos tiranos que se han apoderado del mundo.
Ya no hace falta que nadie se oponga a la censura de la prensa. No necesitamos una censura para la prensa. La prensa misma es la censura. Los periódicos comenzaron a existir para decir la verdad y hoy existen para impedir que la verdad se diga.
"— Gilbert Keith Chesterton [1917]
El periodista, la objetividad y el compromiso
« Los teóricos neoliberales centran su análisis sobre la información en la necesidad de elementos como la imparcialidad, la objetividad, la independencia, la neutralidad… El ejemplo más claro de que, en términos absolutos, no existe la neutralidad informativa se evidencia desde el momento en que se elige lo que es noticia [1]. Cuando un periódico selecciona como noticia principal de portada la concesión de un oscar en Hollywood o un informe de Amnistía Internacional, está tomando una posición editorial determinada. Ya dijo Ryszard Zapuściński que no puede ser corresponsal quien “cree en la objetividad de la información, cuando el único informe posible siempre resulta personal y provisional” [2].
Algo similar podríamos decir del concepto de equilibrio informativo. El veterano periodista experto en Oriente Medio Robert Fisk criticó ese falso discurso del equilibrio y afirmó que “los periodistas deberíamos estar del lado de quienes sufren. Si habláramos del comercio de esclavos en el siglo XVIII, no le daríamos igualdad de tiempo al capitán del navío de esclavos en nuestros reportes. Si cubriéramos la liberación de un campo de concentración nazi, no le daríamos igualdad de tiempo al vocero de las SS” [3]. José Ignacio López Vigil ha dedicado toda su vida al periodismo comunitario en América Latina, al lado de la gente pobre y sencilla. Él también reivindica el compromiso frente a las injusticias:
Frente a un panorama tan cruel, ninguna persona sensible, con entrañas, puede permanecer indiferente. Es hora de poner todos nuestros esfuerzos personales, toda nuestra creatividad, para mejorar esta situación. No caben mirones cuando está en juego la vida de la mayoría de nuestros congéneres, incluida la del único planeta donde podemos vivirla [4].
López Vigil va todavía más lejos: Ni el arte por el arte, ni la información por la información. Buscamos informar para inconformar, para sacudir las comodidades de aquéllos a quienes les sobra y para remover la pasividad de aquéllos a quienes les falta. Las noticias, bien trabajadas, aún sin opinión explícita, sensibilizan sobre estos graves problemas y mueven voluntades para resolverlos [5].
No faltan periodistas jóvenes de última generación que también reniegan del mito de la equidistancia, como Olga Rodríguez, curtida en los conflictos de Oriente Medio: “huyo de la equidistancia porque creo que es una trampa: no se puede tratar igual al que bombardea que al que es bombardeado, al invasor que al invadido, al opresor que al oprimido… Vivimos en un mundo plagado de desigualdades, injusticias y desequilibrios y creo que una de las misiones de los periodistas es buscar que la balanza se equilibre” [6]. Decía el poeta español Gabriel Celaya, “maldigo al poeta que no toma partido”, y hoy el recién fallecido ensayista estadounidense Howard Zinn afirma que “no se puede ser neutral viajando en un tren en marcha que se dirige a un despeñadero”.
¿Cómo arma Clarín una mala noticia?
« El viernes 28 de mayo, Clarín publica en el tercer lugar de sus notas de tapa “Los argentinos, entre los más nerviosos del mundo”.
La verdad es que resulta bastante irónico que, con lo que fueron estos días de alegría y buena onda, se publique esto. Como llama la atención pasemos a ilustrarnos con algunas cuestiones.
Apenas comienza la nota, la periodista dice “Según una encuesta mundial realizada por la consultora JWT Sonar -a la que Clarín accedió en exclusiva- el 79% de los argentinos reconoce tener una precoupación permanente…”
Resulta ser que la encuesta es de domino público; cualquiera puede bajársela de esta web que publica JWT Sonar respecto de su anxietyindex. Prueben; formarán parte del exclusivo club de los que pueden acceder a esa encuesta, es decir, todos los que tengan internet. Simplemente escriban su nombre, en qué trabajan y su dirección de mail.
Así que Clarín comienza mintiendo en una tontería, no es una exclusiva.
Ahora bien, qué es el “anxiety index” (índice de ansiedad).
JWT Sonar es una consultora que, como se explica en el blog sitemarca el 26 de febrero del 2009,
“…lanzó AnxietyIndex.com, un sitio interactivo que ayuda a las marcas a entender y navegar la ansiedad que viven los consumidores de la actualidad. La intención del sitio es operar como un lugar donde la gente puede descubrir y discutir cómo están respondiendo las marcas y los consumidores en su manejo de la actual recesión global. El sitio representa una evolución de la versión de AnxietyIndex que JWT lanzó hace 6 años en el período previo a la guerra de Irak con objeto de rastrear el nivel y la intensidad de la ansiedad de los consumidores, y los factores que impulsan dicha ansiedad.”
Como se expresa en el pie de la propia web del JWT Anxiety Index, “Brand answers for an anxious world” (respuestas de las marcas frente a un mundo ansioso).
El estudio no tiene ninguna pretensión sociológica -Artemio López podría explicar mejor que yo como una muestra de 328 personas no puede ser representativa, en la misma medida que no lo son los índices de inflación de las consultoras privadas-. Más bien se trata de una herramienta para localizar tendencias para que las marcas puedan desarrollar sus acciones publicitarias, como queda muy bien ilustrado en la nota que firman Gonzalo Fonseca y Mercedes Santisteban, quienes usan una publicidad de Walmart como ejemplo de lo que una marca debe hacer en esas circunstancias. En su artículo no hay ni una palabra sobre psicofármacos, Fundación Fobia Club, etc, cosas con las que se recrea Clarín en su construcción de una mala noticia.
Ahora bien, Clarín publica esto en su portada y el efecto es inmediato; al poco rato es noticia en decenas de otros medios que se permiten además engordarla como hace Terra citando a BBC Mundo con el simpático título de “¿Ansioso? Debe ser Argentina”, o Diario de Los Andes, 30noticias, y así, ad infinitum.
Pero aunque resulte inverosímil, lo mejor viene ahora, que es lo que Clarín no menciona en su “informe” y que pueden ver en la página 44 de las conclusiones del estudio de JWT (que me bajé, como puede hacer cualquiera, y traduzco del inglés):
Otro importante factor de ansiedad es la preocupación sobre la seguridad y el crimen.
Los medios están incrementando la percepción de que el crimen está creciendo y de que el futuro económico del país es incierto. Los dueños de los mayores medios están usando sus populares periódicos para llevar a cabo una batalla contra la administración debido a sus diferencias políticas y económicas. De esta manera la cobertura de estos asuntos tiende a exagerar los hechos para alcanzar una mayor oposición política.
Impresionante. Lo no publicado por Clarín encierra la explicación de porqué Clarín publicó lo que publicó. Pocas veces tenemos la oportunidad de ver con tal claridad, de una forma tan diáfana, como Clarín crea una mala noticia, al punto de que la clave está en lo propio publicado.
Me hago una lista, para no perderme nada:
* El estudio se hace en enero del 2010.
* La entrada de blog de JWT con alguna conclusión es del 17 de mayo.
* Clarín lo publica el 29 de mayo, cuando la sociedad está bajo los efectos positivos del festejo del Bicentenario
* Clarín la publica diciendo que accedió a dicho estudio en exclusiva, cuando es de dominio público.
* El objetivo del estudio es dar una herramienta a las marcas para generar buena onda en sus campañas publicitaria y no tiene ninguna pretensión sociológica
* Dice Clarín citando el estudio que las principales causas de preocupación son la inseguridad y la situación económica.
* Oculta Clarín que el estudio dice que los medios son responsables de esta preocupación exagerando los hechos por su batalla con el Gobierno.
Así es Clarín, el gran diario argentino. »
via Huinca
via perkeliana:
« Los medios de comunicación y políticos occidentales siguen a rajatabla un decálogo muy antiguo a la hora de hablar de Israel. Por si alguien no se lo conoce a estas alturas:
Decálogo de los medios y políticos occidentales para informar sobre Medio Oriente:
• Regla No. 1: En Medio Oriente, siempre son los árabes quienes atacan primero y siempre es Israel el que se defiende. A esto último se le denomina “contraataque”
• Regla No. 2: A los árabes - se trate de palestinos, libaneses o sirios - no les está permitido matar a israelíes. A esto se le denomina “terrorismo”
• Regla No. 3: Israel tiene todo el derecho de matar a civiles árabes. A esto se lo denomina “auto-defensa” o, incluso, “daño colateral”. Cuando a Israel se le va la mano y asesina a demasiados civiles árabes entonces el mundo occidental le pide respetuosamente que se “autocontrole”. A esto se lo denomina “reacción de la comunidad internacional”.
• Regla No. 4: Los palestinos y los libaneses no tienen derecho a capturar ningún soldado israelí. Ni siquiera una cantidad limitada. Ni siquiera a uno o dos. A esto se le llama “secuestro” (como si tales soldados israelitas fueran inocentes y desarmados jóvenes idealistas);
• Regla No. 5: Israel tiene el derecho de capturar todos los palestinos que se le de la gana (a la fecha, unos 10.000 palestinos languidecen en prisiones israelíes, entre ellos, 300 menores. Adicionalmente, unos 1.000 libaneses también están capturados, en todos los casos sin juicio). No existen límites. No existe necesidad de aportar pruebas de culpabilidad o de juicio. Todo lo que hay que hacer es aplicar la palabra mágica: “Terrorista”. Idéntica política aplica Estados Unidos - Nación cautiva de Israel - en sus prisiones de Abu Ghraib, Guantánamo y en el GULAG Global montado por la CIA.
• Regla No. 6: Siempre que se mencione a “Hezbolah”, no olvidarse de agregar la frase “que cuenta con el apoyo de Siria e Irán”
• Regla No. 7: Siempre que se mencione a “Israel”, jamás se atreva a agregar la frase “apoyada por Estados Unidos, el Reino Unido y otras naciones europeas”. Si lo hace, se corre el riesgo de que la opinión pública mundial empiece a comprender que se trata de una lucha terriblemente desigual.
• Regla No. 8: Cuando de Israel se trata, jamás mencionar las palabras “territorios palestinos ocupados”, “resoluciones de la ONU incumplidas”, o “vulneración de la Convención de Ginebra”. Esto podría generar angustia entre los televidentes de CNN, Fox Televisión y demás canales de noticias.
• Regla No. 9: Por razones de inmigración, educación y oportunidad, los funcionarios israelíes suelen hablar mejor el idioma inglés que sus pares en los países árabes. Por eso, se les brinda tanta cámara y micrófono a los funcionarios de Israel y a sus voceros en todo el mundo -Argentina incluida- quienes así aprovechan para repetir una y otra, y otra, y otra vez, ad nauseam, las reglas 1 a 8 arriba descritas, como para que todo el mundo las entienda… A esto se le denomina “periodismo equitativo”.
• Regla No. 10: Si usted no está de acuerdo con estas reglas, o si usted ve con mayor simpatía la Causa árabe que la israelí, entonces indudablemente usted es un peligroso “antisemita.” Según el caso, hasta pueda que tenga que pedir disculpas públicas por osar expresar su opinión honesta sobre estos temas. ¿Vio qué buena que es la “democracia”?
Estoy completamente de acuerdo con el presente decálogo; colaboro en su difusión.
Considero que los hechos acontecidos recientemente sobre el ataque, por parte del ejército israeli, de la denominada “Frotilla de la Paz” pudieran ser una cortina de humo, cuya intención específica sería desviar la atención sobre la información difundida hace escasos días por los medios de comunicación alternativos (y algunos no tan alternativos), referida al ofrecimiento de venta de armas nucleares, por parte del entonces Primer Ministro israeli y Premio Nóbel de la Paz 1994, Shimon Peres, a Sudáfrica durante el cruento aparthaid.
Es lamentable la situación a la que están sometidos millones de palestinos, que siguen a la espera de una comunidad internacional que ejerza efectiva presión a un gobierno israeli cada vez más cínico y criminal. »
Corporativismo
Corporaciones, los verdaderos dueños del mundo [I]
Introducción
Militares sin neoliberalismo
Militares + neoliberalismo
Corporaciones, los verdaderos dueños del mundo [II]
Neoliberalismo sin militares
Medios de comunicación + Neoliberalismo
« ‘La Corporación’ (2003) se trata de tres documentales dirigidos por Mark Achbar y Jennifer Abbott que tratan sobre el origen, implantación e influencia de las grandes corporaciones en la sociedad. Los documentales sobre ‘La Corporación’ cuentan con la colaboración de archiconocidos analistas y críticos del sistema como Noam Chomsky, Naomi Klein, Michael Moore, etc., además de importantes presidentes, altos ejecutivos y los CEOs de grandes corporaciones […]. Desde diferentes puntos de vista se hace una valoración del papel de las corporaciones en la sociedad. »
[más sobre el documental en Oikumene]
[imagen via aleprieto]
La información como arma de guerra
« América Latina está siendo invadida silenciosamente en varios frentes: político, económico, militar, científico, cultural, lo que tiene un centro coordinador común: los medios masivos de comunicación, en momentos en que la información se ha transformado en un arma de destrucción masiva.
En los permanentemente renovados esquemas de seguridad nacional de Estados Unidos, la manipulación informativa se ha convertido en el arma más poderosa que antecede al disparo de los misiles y a los bombardeos.
Ahora la palabra mata, oculta crímenes brutales bajo envolturas de mensajes muy bien preparados, en diseños de guerras reales y cibernéticas, con comandos especializados, con criminales atípicos, que no llevan armas sino discursos mediáticos tan destructivos como un misil. »
Stella Calloni, extraído de su imperdible artículo La información como arma de guerra: La palabra que mata.

